El límite de las imágenes: el caso de Felipe Gómez-Alonzo

Autor: Javier Pérez Ramírez (@javierburfis)

Estas últimas semanas España y el mundo se han visto conmocionados por el caso del pequeño Julen, del que varios medios de comunicación han intentado sacar tajada; pero esto no va sobre el caso Julen. Paralelamente, se estaba dando el caso del retorno al país del niño guatemalteco de 8 años que falleció en custodia de los Estados Unidos en Nochebuena. El pequeño Felipe Gómez-Alonzo había sido detenido junto a su padre el 18 de diciembre en Texas por entrar, según las autoridades, ilegalmente en el país.

Mientras sucedía este retorno para que su familia pudiese decidir qué hacer con el féretro, se hacían labores de búsqueda del famoso caso del ‘pequeño Julen’, en el que el niño cayó en un pozo de Totalán (Málaga) a 71 metros de profundidad. La cobertura que se hizo del suceso fue cuestionable deontológicamente, pero eso ya es otro caso. Volviendo al caso de Felipe Gómez, el domingo 27 de enero (justo un día después de que encontraran el cuerpo sin vida de Julen) TV3 elaboró un sumario de noticias breves del mundo, entre las que se incluyó la información del entierro del niño guatemalteco.

La noticia que se está tratando dura 28 segundos en un total de un bloque de 1:20. Evidentemente es obvio que se le dé una cobertura mayor al caso de Julen por proximidad e interés general, pero según el Código Deontológico de la UNESCO, más en concreto en su décimo principio, se debe promocionar una nueva manera de transmitir información a escala internacional. Sin embargo, no es el tiempo lo que cojea en esta pieza, si no las imágenes que se ven en ella.

 

El metraje que se utiliza para ilustrar la noticia contiene imágenes explícitas del féretro abierto, mostrando al pequeño Felipe de 8 años ya fallecido y embalsamado, mientras la familia del mismo. Estas imágenes chocan nada más verlas, pues no suelen aparecer este tipo de momentos tan íntimos. De hecho, los puntos 11 y 12 del Código Deontológico del Col·legi de Periodistes de Catalunya respaldan la postura de no ver estas imágenes en televisión, pues se deben proteger los derechos de los menores de edad, evitando difundir la identidad del menor (y más si es víctima). En este caso podría entenderse que se difundiese el nombre del niño, si la familia así lo quiso, pero en ningún caso filmado en las circunstancias que se dan. Atendiendo al libro de estilo de la CCMA (Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals), de la que forma parte TV3, se pretende “garantizar el bienestar físico y emocional de los niños” que aparecen en las informaciones (2.3.3.1. La intervenció dels menors)

Además, se tiende a pensar que los muertos no tienen derechos. Es, en parte cierto, pero no lo es cuando se trata del derecho al honor y a la propia imagen, y mucho menos cuando hay menores. El punto 12 del Código Deontológico del CPC decreta que se debe “salvaguardar la dignidad de las personas y su integridad física y moral”. De igual manera, el tesaure de la ética periodística elaborado por el Dr. Salvador Alsius, en el que choca con el punto número 4 de principio de responsabilidad, pues las imágenes violan el derecho a la intimidad y sus sub-puntos 4.2.1., 4.2.2. y 4.2.3.

Desde la deontología, la distorsión y el uso inadvertido de la imagen de las personas pueden causar daños morales y materiales. El artículo nº4 del código deontológico de la FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas en España) deja claro que en elementos de dolor o aflicción, “el periodista evitará la intromisión gratuita, al igual que el nº6 que exige máximo rigor en el tratamiento de información relacionada con menores de edad. A nadie se le habría ocurrido poner una imagen del rescate de Julen o de su entierro; de hecho, el único material gráfico que se publicó del niño malacitano fueron dibujos y fotos en las que solo aparecían las autoridades en labores de rescate.

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Retomando de nuevo el Código Deontológico de la UNESCO y su tercer principio, la responsabilidad del periodista pasa por actuar bajo una determinada “consciencia ética”, utilizando la información como un bien social y no como una mercancía. El hecho de acceder a un funeral, además de un menor, ya podría ser cuestionable en sí mismo, pero hay maneras y maneras; por ejemplo, la BBC que se emite en América Latina también compartió un vídeo similar en su página web, pero no muestra de manera tan explícita el cuerpo del pequeño Felipe.

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