Niñas no madres: la falta de ética es el peor enemigo del periodismo

Autora: Helena Morera (@heleni_md)

El periodismo conlleva derechos, deberes, libertades y responsabilidades. Por lo que es imprescindible que el periodista actúe con consciencia sabiendo que su trabajo tiene un compromiso con la sociedad. Esto sería lo normal y deseado. Sin embargo, el machismo y el sexismo siguen muy presentes en el día a día y en los medios de comunicación.

Caso de La Nación

El 1 febrero de este mismo año, el diario argentino La Nación publicó un editorial muy controvertido donde se hacía claramente apología de la violación a menores. El editorial no iba firmado por nadie, pero tampoco es extraño, ya que estas piezas casi nunca están firmadas. De hecho, tal y como comenta el periodista Juan Luis Sánchez del diario.es, muchas veces los editoriales son usados como herramienta política del director del diario para mostrar su ideología respecto a un hecho. En este caso, el tema es bastante polémico, el titular del cual es “Niñas madres con mayúsculas”.

El editorial escribe desde una perspectiva subjetiva conservadora, de dos niñas embarazadas a raíz de una violación. No obstante, quien fuere que escribiera este editorial o permitiría su posterior publicación no criminaliza la violación, sino que alaba “el instinto natural de las mujeres” por seguir adelante con los embarazos. Estamos hablando de niñas de entre 12 y 13 años.

La publicación causó gran revuelo en Argentina y muchos diarios se hicieron eco de la falta de ética y profesionalidad del medio. Gran parte del equipo del diario protestó en contra del editorial y mostraron su rechazo bajo el hashtag de #niñasnomadres en Twitter. Asimismo, la Comisión Interna del periódico reconoció que “una niña embarazada, es una niña violada”, remarcando que los editoriales son fruto de la opinión de los ejecutivos del rotativo, en ningún caso de los trabajadores de este.

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Expertos en el tema también quisieron dar su opinión y sumarse a las críticas. La psicóloga María Zysman admitió que el editorial es peligroso porque transmite una idea falsa sobre las niñas y la maternidad. Según fuentes del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Argentina, en los últimos años se han atendido más de 5.000 casos de abuso sexual, y de estos, un 65% eran menores.

Errores deontológicos

Todo el editorial está basado desde una visión conservadora, religiosa, sexista, paternalista y pro-vida, sin tener en cuenta la salud y la vida de las menores. El autor del texto intenta justificar la violación porque eso ha conllevado un embarazo y es “una oportunidad para crear vida”. No es ético, ni moral, ni buen periodismo apoyar un delito que deja secuelas irreparables en las víctimas.

El autor del texto le quita importancia a la violación con palabras como “apoyo a las mamás, tanto si fueron deseadas o causadas por una violación (…) nada importó a estas niñas salvo conservar a sus hijos”. Unas palabras que rozan la falta integridad moral. Según el código deontológico de Aldeas Infantiles, es tarea del periodista hacer denuncia social sobre casos donde se hayan vulnerado los derechos de los niños y estos hayan sido víctimas de injusticias. En este caso, esto no se ha respetado y se ha banalizado una realidad traumática.

Además, el editorial repite los patrones de violencia sistémica contra las mujeres, sexualizándolas y tratándolas como un simple objeto. De hecho, las declaraciones controvertidas no cesan. “Resulta admirable y emocionante ver desplegarse el instinto materno” y “admiración por las niñas madres”. No es ni admirable, ni emocionante ver como dos niñas deben ser madres porque han sido violadas, y que encima el periodismo, que se supone que tiene que proteger a las víctimas, lo alabe. Esto no es periodismo, es vergüenza.

Al tratarse de un tema sobre dos menores de edad, es necesario proteger su privacidad. Tal y como promulgan los principales códigos deontológicos como el Colegio de Periodistas de Catalunya en su artículo número 11, los menores no deben ser ni entrevistados, ni fotografiados porque puede causar una intromisión innecesaria. Los nombres de las niñas no se mencionan, pero sabemos la inicial de una de ellas. Algo totalmente fuera de lugar. El apartado E del punto 4 del código deontológico de la FAPE comenta que el periodista debe prestar atención a los casos donde haya menores envueltos y, ante todo, respetar su intimidad.

De igual manera, aparece una imagen de una niña tapándose la cara, lo cual es prescindible, aunque su rostro no se pueda ver. Así como expresa la Guía para el Tratamiento de violencia de género del Consejo Audiovisual de Andalucía, no es ético mostrar imágenes sensacionalistas que solo promuevan la morbosidad.  

En vez de denunciar al violador, el autor culpa a otras mujeres de que la niña esté embarazada. Primero a una tía de la pequeña por haberla dejado sola y segundo, a las mujeres que pelean por un aborto seguro, legal y gratuito. Está responsabilizando a otras mujeres de un acto que cometió un hombre. Según el punto 28 del Protocolo de actuación periodística del Gobierno de Cantabria, hay que evitar comentarios que responsabilicen de la violencia de género a una mujer, porque el único responsable es el agresor. La Fundación Mujeres de Argentina comenta que el periodismo no puede defender a un agresor, siendo muy precisos con el lenguaje usado. En este caso, no se puede decir que “la niña es valiente por seguir adelante con el embarazo”, hay que decir que la niña fue violada, dejando claro quien es el verdadero culpable.

Otro elemento preocupante es que en ningún caso habla de la violación como la causa del embarazo de las niñas. Sino que opta por criminalizar el movimiento de los pañuelos verdes a favor del aborto: “tristeza para las abuelas abortistas que felizmente no lograron su criminal propósito”. La violencia de género, los abusos y las agresiones sexuales son un problema social agravado, que debe ser erradicado con la ayuda del periodismo para concienciar a la sociedad. Por todo esto, el periodismo debe ser preciso, precavido y cuidadoso cuando habla de estos temas tan sensibles.

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Si nos fijamos en el punto 9 de la Guía para el Tratamiento de Violencia de género del Consejo Audiovisual de Andalucía, nos dice que un periodista no puede propagar ideas sin fundamento, basándose en su opinión. El objetivo de este editorial ha sido infundir mensajes falsos que corrompen el gran problema de la violencia de género. Pero, el periodismo debe proteger los derechos de los ciudadanos. Todas las informaciones, interpretaciones y opiniones deben hacerse des del máximo respeto y veracidad, porque sino deja de ser periodismo.

La Nación debe plantearse si quiere seguir dando visibilidad a opiniones que criminalizan y agreden a las mujeres o quiere empezar a hacer buen periodismo otra vez. La credibilidad de un medio es imprescindible, pero lo más importante, es dar a los ciudadanos una información veraz, plural y feminista, alejada de estereotipos de género.

 

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