La ocultación de la identidad y el acceso a la realidad

Autor: José Luis Escalante (@JoseluEscalante)

La tarea del periodista es claramente la del cumplimiento con la verdad, pero siempre obteniéndola con prácticas dignas y responsables. Para ello es primordial el respeto a la fuente. No obstante, hay ocasiones en las que la realidad se oculta y se niega a mostrarse tal y como es. En estos casos en los que el periodista no puede acceder a los hechos debe sopesar si es posible hacerlo de otras formas, como, por ejemplo, la ocultación de la identidad.

Este tema vuelve a estar en plena efervescencia tras la investigación de una periodista francesa sobre Estado Islámico. Para ello se vio obligada a ocultar su identidad mediante un velo. El objetivo era conseguir información sobre la captación de jóvenes de la mano de uno de los combatientes en Siria. No obstante, ahora, una vez concluida su investigación, se encuentra amenazada de muerte.

Pero el periodismo de inmersión o encubierto se lleva practicando desde los orígenes de la profesión. Bien conocida es la labor de Nelly Bly, reportera del New York World de Pulitzer. Bly se internó en un manicomio simulando trastornos mentales. Su fin era desvelar los malos tratos que sufrían los internos y que ella misma padeció. De este modo consiguió que la administración norteamericana iniciara reformas para paliar la situación de estos centros.

Otro caso es el del alemán Günter Wallraff, periodista que basa su carrera en el periodismo encubierto. Así, se ha hecho pasar por personajes como un millonario pro nazi, reportero de Bild, o un trabajador de McDonalds. Todo ello para conseguir fusionarse con la realidad. De este modo, Wallraf define su profesión como: “una ciencia de la actividad participativa”. Es decir, accede a la verdad no solo a través de la observación sino que participa en ella para poder entenderla y denunciar las malas praxis.

No obstante, esta técnica puede ser vista como una mala práctica periodista. Esto se debe a que la recopilación de la información parte de un procedimiento engañoso, ya que la fuente en ningún momento sabe quién está realmente detrás de esa identidad ni cuál es el fin último.

  • Según la FAPE, en su artículo 14: “En el desempeño de sus obligaciones profesionales, el periodista deberá utilizar métodos dignos para obtener la información, lo que excluye los procedimientos ilícitos”.
  • Lo mismo viene a decir el artículo 4 del Colegio de Periodistas de Cataluña: “Utilizar métodos dignos para obtener información o imágenes, sin recurrir a procedimientos ilícitos.”

Asimismo, el periodista debe ser precavido a la hora de seleccionar las fuentes, ya que debe de estar seguro de si son o no interesadas y si le permitirán conocer la realidad natural de lo que pretende retratar.

Por tanto, aunque ya hemos comprobado que no se trata de una técnica honesta desde el punto de vista deontológico, el periodista debe tener autonomía propia y analizar si pretende desenmascarar un hecho de interés público o no, y si no hay otra forma posible de acceder a la verdad. A partir de aquí la decisión es del informador.

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